Un lugar donde esconderse y un lugar donde resucitar.
Es noche para dar pasos lentos y silenciosos hacia el interior y buscar allá lo que se necesita acá.
Así que, cerrar los ojos y dejar que el cuerpo vea y las manos dibujen y los olores llenen la habitación de tranquilidad y dulzura.
3.26.2011
3.07.2011
Huracán
Ruge el huracán en la penumbra del silencio.
Busca su lugar tras aquella sólida roca resquebrajada por la lluvia de unas lágrimas.
Un poder oculto deja la luz de la mañana suspendida de los hilos pegajosos de tus previsibles caricias.
Quizá una lúcida traición trasnochada.
Manos sucias, dolientes, manchadas de impureza convierten mi mortal cuerpo en polvo de sueños.
Polvo somnoliento.
Ahora sólo queda quererse despacio para que los ríos desangrados vuelvan a su montañas. Y que la tierra cubra de verde el camino.
Busca su lugar tras aquella sólida roca resquebrajada por la lluvia de unas lágrimas.
Un poder oculto deja la luz de la mañana suspendida de los hilos pegajosos de tus previsibles caricias.
Quizá una lúcida traición trasnochada.
Manos sucias, dolientes, manchadas de impureza convierten mi mortal cuerpo en polvo de sueños.
Polvo somnoliento.
Ahora sólo queda quererse despacio para que los ríos desangrados vuelvan a su montañas. Y que la tierra cubra de verde el camino.
3.05.2011
Grabado a fuego
Al final no se encontraba tan mal en aquella habitación.
Días antes se había asomado al filo de la navaja, empujado quizá, por la euforia que nos da volver a casa.
A través de la ventana buscaba los rayos de sol que el Año Nuevo traía. Una delgada línea moteada de polvo indicaba el camino a seguir. Cálido camino a una ventana no muy lejana.
Aquellos días trajeron nieve a Europa, quizá un presagio.
Los viajeros iban y venían por el aeropuerto como los compañeros que tuve en la habitación.
No locos, no. Un poco anqustiados por no saber cuando volverán a sus casas.
Incubando unos días que retrasarían su vuelta, se volcaba en no conocer mucho la noche ni el día pero sería inevitable la tentación y la enfermedad.
Días antes se había asomado al filo de la navaja, empujado quizá, por la euforia que nos da volver a casa.
A través de la ventana buscaba los rayos de sol que el Año Nuevo traía. Una delgada línea moteada de polvo indicaba el camino a seguir. Cálido camino a una ventana no muy lejana.
Aquellos días trajeron nieve a Europa, quizá un presagio.
Los viajeros iban y venían por el aeropuerto como los compañeros que tuve en la habitación.
No locos, no. Un poco anqustiados por no saber cuando volverán a sus casas.
Incubando unos días que retrasarían su vuelta, se volcaba en no conocer mucho la noche ni el día pero sería inevitable la tentación y la enfermedad.
3.02.2011
9.16.2010
Café y sernik, por favor.
Lento y desordenado buscaba formar su pirámide de libros.
Su barba piramidal invertida y canosa dejaba escapar mecánicamente palabras tantas veces dichas anteriormente que suenan ya cansinas en su boca. Se podría decir que es un metódico vendedor de letras que se esconden en distintos libros de diferentes lenguas, entre hojaldradas hojas, añejas de humedad y pesadez de años.
Repasando y acariciando una y otra vez el lomo de sus ventas consiguió una bien organizada pirámide con la que podría aventurarse sin miedo a una prolífica venta vespertina. Pero en ese instante vuelve sobre sus pasos, suelta ceremoniosamente la pirámide alfabética y sin dejar de mirarla introduce sus manos en aquel cofre de cartón piedra y rescata del fondo una colección de vinilos. Probablemente pensamos en lo mismo, la venta sin una buena canción ambiental no es lo mismo.
Con el mismo respeto que con las letras amarillentas, colocó uno por uno los discos, que estos sí, conservaban el colorido de tiempos mejores, portadas que triunfaron en los años complicados del Telón de Acero.
Y ahora sí que nuestro veterano vendedor pudo coger su piña y visitar a los compradores. Café para los posibles lectores y esperanza en la mirada de nuestro personaje. Ahí estuvo navegando entre mesas, sillas, sillones.
Cuando quedó fuera del alcance de mi vista reparé en el vehículo en el que transportaba la cultura que en otrora época se cuidó de recoger en su casa.
Quizá nunca pensó que el final sería éste.
Pero como decía al principio él es un personaje lento y metódico pero con un toque de resolución y su transporte y el de su mercancía no se podrían hacer de otra manera que en bicicleta; roja, por su puesto.
Sin ventas y al igual que el proceso preparatorio, el de retirada se produjo en silencio, en una escalada de movimientos mecánicamente previstos.
Silencio.
Un cuadro de imágenes donde la estampa supera la realidad o la necesidad de nuestro personaje. Él y su cotidianeidad convertidos en segundos de lectura, al menos alguien le leerá esta tarde.
Su barba piramidal invertida y canosa dejaba escapar mecánicamente palabras tantas veces dichas anteriormente que suenan ya cansinas en su boca. Se podría decir que es un metódico vendedor de letras que se esconden en distintos libros de diferentes lenguas, entre hojaldradas hojas, añejas de humedad y pesadez de años.
Repasando y acariciando una y otra vez el lomo de sus ventas consiguió una bien organizada pirámide con la que podría aventurarse sin miedo a una prolífica venta vespertina. Pero en ese instante vuelve sobre sus pasos, suelta ceremoniosamente la pirámide alfabética y sin dejar de mirarla introduce sus manos en aquel cofre de cartón piedra y rescata del fondo una colección de vinilos. Probablemente pensamos en lo mismo, la venta sin una buena canción ambiental no es lo mismo.
Con el mismo respeto que con las letras amarillentas, colocó uno por uno los discos, que estos sí, conservaban el colorido de tiempos mejores, portadas que triunfaron en los años complicados del Telón de Acero.
Y ahora sí que nuestro veterano vendedor pudo coger su piña y visitar a los compradores. Café para los posibles lectores y esperanza en la mirada de nuestro personaje. Ahí estuvo navegando entre mesas, sillas, sillones.
Cuando quedó fuera del alcance de mi vista reparé en el vehículo en el que transportaba la cultura que en otrora época se cuidó de recoger en su casa.
Quizá nunca pensó que el final sería éste.
Pero como decía al principio él es un personaje lento y metódico pero con un toque de resolución y su transporte y el de su mercancía no se podrían hacer de otra manera que en bicicleta; roja, por su puesto.
Sin ventas y al igual que el proceso preparatorio, el de retirada se produjo en silencio, en una escalada de movimientos mecánicamente previstos.
Silencio.
Un cuadro de imágenes donde la estampa supera la realidad o la necesidad de nuestro personaje. Él y su cotidianeidad convertidos en segundos de lectura, al menos alguien le leerá esta tarde.
2.25.2010
Risotto
Un trago más y las lágrimas habrían brotado. Una palabra más y el alma se habría quebrado para siempre. Una mirada más y quedar ciego para siempre.
Jugaría con la mancha de vino que decoraba el mantel pero sus dedos no aciertan a tocar con seguridad cada centímetro.
Largas caladas al Malboro evitando cruzarse con sus ojos azules. Saben algo. Su boca no dice nada.
Las palabras se balanceron durante los diferentes asaltos. Él solo aguantaría hasta el quinto. Toalla al viento para evitar tocar las baldosas del restaurante.
¿Qué manos habrían conocido aquellos guantes que tan dulcemente ella se colocaba? Manos seguían golpeando su rostro después del combate. Sangre coagulada. No quiere salir y llenar todo de rojo. Les gustaba el rojo para la casa.
Al fin una boca se abre:
-No sé si alguna vez te tuve entre mis brazos.
-Yo sigo sin despegar los míos de tu Recuerdo.
Jugaría con la mancha de vino que decoraba el mantel pero sus dedos no aciertan a tocar con seguridad cada centímetro.
Largas caladas al Malboro evitando cruzarse con sus ojos azules. Saben algo. Su boca no dice nada.
Las palabras se balanceron durante los diferentes asaltos. Él solo aguantaría hasta el quinto. Toalla al viento para evitar tocar las baldosas del restaurante.
¿Qué manos habrían conocido aquellos guantes que tan dulcemente ella se colocaba? Manos seguían golpeando su rostro después del combate. Sangre coagulada. No quiere salir y llenar todo de rojo. Les gustaba el rojo para la casa.
Al fin una boca se abre:
-No sé si alguna vez te tuve entre mis brazos.
-Yo sigo sin despegar los míos de tu Recuerdo.
2.14.2010
El piano
Desde mi pequeño rincón puedo ver toda la habitación. Cada esquina guarda lo que tiene que guardar una esquina: tiempo pasado, polvo de recuerdos, sueños en rabo de nube.
Y cuando apenas entra luz blanca por la ventana y suena una voz que no logro identificar, pienso en qué hacer con El piano que se encuentra en una de estas esquinas. El piano sujeta y decora una pared. Silencioso compañero nocturno obligado a finalizar sus días como pieza de museo. Silenciado por falta de vocación juvenil. En ocasiones abro su tapa y le dejo escapar pequeñas notas de recuerdos de atardeceres de principios del siglo XX cuando él era el príncipe. Pobre.
Hay noches que se remueve e intenta avanzar torpemente sin dirección y es cuando le hablo y dialogamos sobre cómo hemos acabado los dos decorando esquinas de una habitación con vistas a un mar de nieve.
Y cuando apenas entra luz blanca por la ventana y suena una voz que no logro identificar, pienso en qué hacer con El piano que se encuentra en una de estas esquinas. El piano sujeta y decora una pared. Silencioso compañero nocturno obligado a finalizar sus días como pieza de museo. Silenciado por falta de vocación juvenil. En ocasiones abro su tapa y le dejo escapar pequeñas notas de recuerdos de atardeceres de principios del siglo XX cuando él era el príncipe. Pobre.
Hay noches que se remueve e intenta avanzar torpemente sin dirección y es cuando le hablo y dialogamos sobre cómo hemos acabado los dos decorando esquinas de una habitación con vistas a un mar de nieve.
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